Periodista y ex gerente general del Centro Comercial Plaza Puente, impulsó un modelo de comercio abierto a la comunidad y comprometido con la cultura y la solidaridad.
El pasado domingo 29 de diciembre, a las 21:00 horas, falleció en Punta Arenas, Roberto Abarca Vinet, periodista de profesión y ex gerente general del Centro Comercial Plaza Puente. Su nombre quedó profundamente ligado a la historia reciente de Puente Alto, gracias a su cercanía, su pasión por lo que hacía y su evidente vocación social.
Abarca dedicó una década a transformar el centro comercial en un espacio seguro y abierto a la comunidad, dejando una huella humana que hoy es recordada por trabajadores, locatarios y vecinos de la comuna.

Nació en Quillota, Región de Valparaíso, en 1950. A mediados de la década de 1980 se trasladó a la Región Metropolitana, instalándose en la comuna de San Miguel. Periodista formado en la Universidad de Chile, inició su carrera en el mundo de las comunicaciones, aunque posteriormente se volcó al ámbito del retail, donde desarrolló una extensa trayectoria que incluyó pasos por supermercados San Francisco, Tottus y, finalmente, la administración de centros comerciales.
Su vínculo con Puente Alto se consolidó a partir de su llegada al Centro Comercial Plaza Puente, a fines de 2007 e inicios de 2008, primero como gerente comercial y luego como gerente general. Desde ese rol, impulsó una gestión que buscó ir más allá del funcionamiento estrictamente comercial del recinto.
“Para mí ha sido rebuena experiencia trabajar acá. Nunca he tenido un desagrado, un problema; todos esos mitos por acá no han pasado, felizmente”, señaló en una entrevista concedida a Puente Alto al Día en diciembre de 2023, cuando se encontraba en proceso de retiro.

Un espacio de comercio y comunidad
Durante su gestión, Abarca promovió una visión del centro comercial como espacio de encuentro, cultura y convivencia, desafiando los prejuicios históricos que pesan sobre la comuna. Bajo su liderazgo se desarrollaron exposiciones artísticas, conciertos, actividades familiares gratuitas y alianzas con el área de Cultura del municipio, además de iniciativas solidarias en beneficio de adultos mayores, fundaciones sociales y campañas de ayuda en contextos de emergencia.
Ex compañeros de trabajo coinciden en destacar su exigencia profesional, combinada con un trato cercano y una fuerte vocación formativa. “Su intención siempre fue generar un lugar de convivencia social, donde la gente pudiera venir a compartir y sentirse segura”, señaló Gerson Contreras, supervisor de operaciones del recinto, quien además subrayó su rol como mentor de jóvenes que dieron sus primeros pasos laborales bajo su guía.

Ese sello se mantuvo incluso en los momentos más complejos. Tras el estallido social de 2019, el Plaza Puente logró reabrir en un plazo cercano a un mes, y durante la pandemia se convirtió en punto de apoyo para ollas comunes y campañas de recolección de alimentos. “Él no se quedaba solo en su rol de jefe; siempre iba más allá”, recordó Patricia Liberona, TENS de la enfermería del centro comercial.
Quienes trabajaron con él coinciden en que su principal legado no se mide solo en cifras o metas cumplidas, sino en la huella humana y social que dejó en una comuna a la que defendió de los estigmas y a la que apostó con convicción. “Ese legado de don Roberto seguirá presente en el corazón del centro comercial que ayudó a transformar y en las personas a las que acompañó en su camino” aseguró el supervisor Bastián Yébenes.
Vocación social y legado humano
Su hija menor, Paulina Abarca, destacó el compromiso social que marcó la vida de su padre. “Mi papá siempre quería apoyar a las comunidades. Ayudó mucho en terremotos, aluviones, y hasta hace poco estaba armando una campaña acá en Punta Arenas”, señaló a Puente Alto al Día.

Paulina también lo describió como un lector voraz, amante de la cultura y la música, y profundamente conectado con el mundo de las ideas. “Era un hombre muy mágico. Su libro preferido era Cien años de soledad. Nos inspiraba a imaginar y a crear”, afirmó.
Pese a residir en San Miguel y, en sus últimos años, en Punta Arenas —ciudad a la que llegó por amor, junto a su pareja Nancy—, Abarca mantuvo un vínculo permanente con los puentealtinos. “Hasta el último día recibía videollamadas de gente de Puente Alto y San Bernardo”, relató su hija.



