Un estudio de la Universidad Católica reveló la existencia de un «clúster sísmico» persistente bajo el sector sur de Santiago.
Investigadores de la Escuela de Ingeniería Estructural y Geotécnica de la Universidad Católica descubrieron un foco de actividad sísmica constante en el límite de las comunas de Puente Alto y Pirque. El fenómeno fue detectado tras analizar datos continuos que revelaron la ocurrencia de 1.389 sismos en un periodo de ocho años y medio.
El estudio, publicado en la prestigiosa revista Seismological Research Letters, establece que estos movimientos no son réplicas de un sismo de mayor magnitud. Por el contrario, se trata de un proceso intraplaca estable que ocurre directamente bajo la zona más poblada del país.
De acuerdo con los registros, los eventos presentan magnitudes bajas, fluctuando generalmente entre los 2.0, 2.5 y 3.0 grados. No obstante, su frecuencia es lo que ha sorprendido a los especialistas, ya que la zona parece «nunca apagarse».
Un fenómeno persistente y superficial
La investigación liderada por el sismólogo Leoncio Cabrera permitió determinar que estos sismos se originan a una profundidad de entre 20 y 30 kilómetros. Esta condición es inusual, ya que no se conocen otros lugares donde ocurra sismicidad tan superficial de forma tan continua.
Al revisar antecedentes históricos, el equipo descubrió que esta actividad no es reciente, encontrando señales de sismicidad persistente desde el año 1990. «Nos dimos cuenta de que la zona ya estaba activa, solo que no habíamos notado que era tan continuo en el tiempo», indicó Cabrera.
Este cúmulo de temblores se concentra específicamente en el sector de Santa Rosa, manteniendo una evolución espacial y temporal muy definida. La estabilidad de esta fuente sísmica durante décadas sugiere características geológicas únicas en el subsuelo capitalino.
La «zona anómala» bajo el subsuelo
Los expertos sugieren que el origen de estos movimientos constantes se debe a una «zona anómala» en la composición de la tierra. Una de las hipótesis principales apunta a la existencia de un tipo de roca extremadamente sensible a los cambios de esfuerzo.
«Eso quiere decir que si yo lo toco un poquito, eso cruje, cruje y cruje», explicó el sismólogo Cabrera para graficar la sensibilidad del terreno. Esta fracturación constante generaría los pequeños sismos que se registran diariamente en la zona.
Otra posibilidad analizada es la presencia de fluidos o agua que asciende desde áreas más profundas hacia la superficie. Estos elementos modificarían la presión dentro de las rocas, activando estructuras geológicas de manera similar a lo que ocurre en el volcán Tupungatito,.
Pese a que las magnitudes registradas no suelen asociarse a daños estructurales importantes, los científicos enfatizan la importancia de este hallazgo. El estudio concluye que es necesario implementar un monitoreo más denso en la zona sur de la Región Metropolitana.



