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Un huerto comunitario instalado hace varios años en una esquina de Puente Alto terminó convertido en el centro de un conflicto vecinal que hoy enfrenta dos diagnósticos distintos sobre el uso del espacio. Mientras el colectivo que impulsó el proyecto sostiene que recuperó un microbasural, desarrolló una iniciativa ecológica y comunitaria y que la municipalidad actuó sin responder antes sus gestiones, vecinos del sector aseguran que pidieron su retiro por motivos de inseguridad, suciedad, desorden e incivilidades.
La versión del colectivo del huerto
De acuerdo con el testimonio entregado por Cote, integrante del grupo que mantenía el espacio, el proyecto nació hace seis años como una forma de recuperar un terreno que antes era visto como un sitio abandonado y sucio. Según su relato, allí se desarrolló primero un huerto comestible y medicinal, que con el tiempo evolucionó hacia un “bosque comestible”, combinando especies nativas con hortalizas tradicionales. Además, el lugar servía para talleres de huerto, oficios y otras actividades sociales abiertas a la comunidad.
Cote sostiene que el grupo realizó durante años un “trabajo regenerativo de la tierra” y que el valor del espacio no era solo ambiental, sino también barrial y comunitario. Asegura que, con el paso del tiempo, el huerto generó un vínculo con parte importante del sector y que hoy cuentan con más de 200 firmas de apoyo, cifra con la que buscan contrarrestar las cerca de 70 firmas que —según les informaron— habrían reunido los vecinos que pedían sacar el lugar.
Según su versión, parte del malestar vecinal se relacionaba con razones estéticas y con personas que se reunían a beber alcohol o carretear en el sector. Sin embargo, ella sostiene que ese problema no era causado por el huerto, sino que correspondía a una situación más amplia del barrio. Por eso, afirma que pidieron al municipio medidas como más iluminación y mayor seguridad nocturna, con la idea de regular el entorno sin eliminar el proyecto.
La dirigenta también reconoce que el colectivo no contaba con un permiso formal para ocupar el terreno, aunque asegura que sí existía una solicitud ingresada a la Municipalidad de Puente Alto pidiendo apoyo y visibilización para el huerto vecinal, gestión que —según denuncia— nunca obtuvo respuesta formal. En el comprobante aportado por el grupo se observa una solicitud ingresada el 28 de noviembre de 2025 ante la Alcaldía de Puente Alto, con la observación: “Adjunta documento escaneado. Requiere apoyo y visibilización de huerto vecinal, para trabajo en conjunto y evitar que soliciten retiro de este huerto”.
A juicio del colectivo, el conflicto pudo haberse abordado mediante una mediación previa. Cote afirma que intentaron reunirse con los vecinos que se oponían al huerto, pero que en dos ocasiones los dejaron plantados. También acusa que realizaron trámites ante el municipio para evitar el retiro, sin obtener una respuesta eficaz antes de que funcionarios municipales llegaran a retirar plantas, rejas, carteles y asientos. En su relato, el daño ya estaba hecho cuando lograron conversar con funcionarios municipales, aunque posteriormente se abrió una instancia de mediación para discutir el futuro del lugar.
La postura de los vecinos que pidieron el retiro
La versión de los vecinos del entorno es distinta y está centrada, sobre todo, en problemas de seguridad y convivencia. En sus testimonios, aseguran que el lugar se había transformado en un “jardín del carrete” y en un foco de incivilidades. “Nosotros veíamos a la gente encargada de aquí drogándose, tomando alcohol. Se hacen los santitos de la huerta”, señalaron algunos residentes. También afirmaron que el sitio “se presta para la inseguridad”, que allí llegaban personas a dejar basura y que incluso habían visto peleas, discusiones, consumo de alcohol durante la noche y, según denuncian, hasta una planta de marihuana en el lugar.
Los vecinos sostienen que el problema no era la existencia de plantas en sí misma, sino el uso que terminó teniendo el lugar y el impacto que eso generaba en el barrio. “No es que a nosotros no nos gusten las plantas, es por la inseguridad que se generó”, resumieron. En esa misma línea, agregaron que el espacio funcionaba sin permiso y que, a su juicio, las personas ligadas al huerto no se hicieron cargo de las consecuencias que el entorno estaba generando para quienes viven allí. “Los del huerto no se preocuparon nunca de la seguridad, si ellos se hubiesen preocupado de eso, no hubiésemos tomado la decisión”, afirmaron.
Otra de las críticas apunta a la procedencia de quienes trabajaban en el lugar y al uso de recursos básicos del sector. Según el relato vecinal, el proyecto comenzó hace unos cinco años en una escala menor, pero con el tiempo creció y ocupó más espacio. “Comenzaron esto sin permiso de nadie”, señalaron. Además, acusaron que hasta octubre del año pasado se usaba agua del grifo para regar las plantas, situación que observan como un abuso de infraestructura pública. “Era un foco de incivilización, además sacaban agua del grifo. Imagínate que si hay un incendio, ¿De dónde sacan el agua?”, cuestionaron.
La postura fue reforzada por Isabel, presidenta de la junta de vecinos del sector, quien aseguró que la molestia fue sostenida y transversal entre residentes del entorno. “Todos los vecinos que están acá están en desacuerdo con el huerto”, afirmó. Según su versión, el espacio “traía delincuencia, suciedad, pelea, basura” y varios residentes evitaban pasar por allí debido a estos motivos. Isabel sostiene que su rol fue canalizar un malestar vecinal y que la decisión de pedir el retiro no fue personal, sino colectiva. “Yo como dirigenta lideré esto porque me lo pidieron los vecinos, pues estaban chatos de la situación”, señaló.
Registro nocturno en el que, según denuncian vecinos contrarios al huerto, jóvenes utilizan el espacio para carretear.
En esa línea, la dirigenta asegura que reunieron 75 firmas del entorno y que el requerimiento fue ingresado formalmente ante la municipalidad. “Nosotros juntamos las firmas y las mandamos a la oficina de parte.” afirmó. También sostuvo que desde 2022 existirían ingresos por oficina de partes advirtiendo que en el lugar se estaba formando un huerto sin autorización. A su juicio, la intervención municipal respondió a una demanda concreta del barrio y ahora el foco debe estar en definir qué uso tendrá finalmente ese espacio. “La municipalidad es la que nos va a proponer qué instalar acá”, dijo.
Un conflicto aún abierto
Aunque gran parte del huerto ya fue retirado, la controversia sigue abierta. Según la versión entregada a este medio, la municipalidad está promoviendo nuevas reuniones de mediación entre representantes del colectivo y de la junta de vecinos para definir qué ocurrirá finalmente con el lugar. Entre las alternativas en discusión estaría mantener una parte reducida con plantas, mientras vecinos del sector plantean que prefieren un espacio más despejado y ordenado.
Por ahora, el caso deja al descubierto una disputa barrial compleja, donde ambas partes dicen actuar en nombre del bienestar del sector, pero desde diagnósticos muy distintos. Para unos, se destruyó un proyecto comunitario de años sin una mediación adecuada. Para otros, se respondió por fin a un problema de inseguridad y deterioro que venían arrastrando desde hace tiempo. El desenlace dependerá ahora de la capacidad de diálogo entre vecinos y de la propuesta final que impulse la municipalidad.


