Cada mañana, cuando sale de su departamento, Claudio Henríquez se ve obligado a cruzar por el mismo lugar donde su hijo Dante fue atacado con un arma blanca hace exactamente un año. El recuerdo vuelve inevitablemente, pero también, dice, renueva la determinación de seguir buscando justicia.
El 27 de febrero de 2025, Dante Henríquez, de 23 años, fue apuñalado en las afueras del condominio donde vivía con su familia, en Avenida Camino Internacional, en Puente Alto. El joven fue trasladado primero al Cesfam San Jerónimo y luego al Hospital Sótero del Río, donde se confirmó su fallecimiento producto de múltiples heridas punzocortantes en el abdomen y el tórax.
Por el caso se encuentra imputado Bryan Yáñez, conocido como “El Drone”, quien fue formalizado en ausencia y permanece prófugo desde el día de los hechos.

A doce meses del crimen, la herida sigue abierta para la familia. “El vacío es muy grande. Para mí como papá, para su mamá, para su abuela, para sus hermanos y amigos de Dante el dolor no para. A pesar de que ya pasó un año, todos lo echamos mucho de menos”, señala Claudio.
Pocos avances en la investigación
Consultado por el estado de la causa, el padre de la víctima afirma que las novedades han sido escasas. “La verdad es que hemos tenido muy pocas novedades. Los avances son bajos y sentimos que las instituciones no están funcionando muy bien. Tenemos la sensación de que tanto la PDI como el Ministerio Público están al debe en cuanto a la misión de encontrar al asesino de mi hijo”, sostiene.

En paralelo, la familia presentó una querella criminal particular, patrocinada por la abogada Nicole Soto, la cual sigue su curso judicial. Según explica Henríquez, además del presunto autor, también buscan que se investigue el eventual rol de personas del entorno del imputado.
Movilizaciones y reclamos
Durante este año, la familia ha participado en distintas manifestaciones junto a la agrupación En Busca de Justicia Chile, que reúne a familiares de víctimas de delitos graves. Entre las acciones realizadas se cuentan marchas y una manifestación frente a la Fiscalía Nacional, donde presentaron un reclamo formal por lo que consideran falta de diligencias investigativas.

“Fuimos a la Fiscalía Nacional con nuestra abogada y presentamos un reclamo porque sentimos que no hay diligencias realizadas para encontrar al homicida de mi hijo”, explica.
Sin apoyo psicológico ni institucional
El padre de Dante también cuestiona la escasa ayuda institucional que, asegura, han recibido como familia tras el crimen. “Con respecto a contención emocional o ayuda psicológica por parte de las autoridades, no hemos tenido ninguna en realidad. Hay que ser bien francos en este tema”, afirma.
Si bien en un inicio consultó por apoyo en el Programa de Apoyo a Víctimas, señala que el sistema presenta limitaciones y largas esperas, lo que finalmente llevó a que la familia debiera enfrentar el proceso prácticamente sin acompañamiento especializado.
Una lucha que no se detiene
Tras el homicidio, el imputado y su familia abandonaron la vivienda donde residían en el mismo sector. Según el padre de la víctima, el inmueble permanece deshabitado hasta hoy. “Lo que se sabe es que la casa sigue abandonada. Incluso el perro que tenían quedó vagando por el barrio y son los vecinos los que le dan comida”, comenta.
“La sensación después de un año es bastante agotadora. Mentalmente y emocionalmente estamos muy cansados. A veces se pierde la fe, uno flaquea, pero trato de seguir adelante”, admite, y añade una lapidaria frase que resume su estado actual: “Mi duelo ni siquiera ha podido empezar. Solo podrá empezar el día que el asesino de mi hijo sea condenado”.

Dante Henríquez tenía 23 años y era recordado por su entorno como un joven cercano a su familia y muy querido por sus amigos. Para su padre, mantener viva su memoria también es parte de la lucha.
“Hoy le diría a mi hijo que lo amamos mucho, que siempre va a ser parte de nuestra familia y de nuestros recuerdos, y que nunca lo vamos a olvidar. Vamos a seguir luchando para encontrar la justicia que él se merece”, expresa.
Y concluye con una reflexión que, asegura, se repite cada vez que habla del caso: “Un homicidio no es una cifra. Es una vida con sueños y proyectos que se corta en un minuto, y un vacío que queda para siempre en la familia y los amigos”.


